Detrás del arco: “Es muy temprano para decir adiós”

Detrás del arco: “Es muy temprano para decir adiós”

Es muy temprano para decir adiós.

Y si bien las despedidas no son agradables, esta despedida dolería mucho más, porque aún no es tiempo, porque todos entendemos el ciclo de la vida, naces, creces, te reproduces y mueres, pero falta algo “Chava”, algo que no está escrito en ese ciclo de la vida, y eso es el triunfar, el conseguir los sueños, las metas que cada uno nos proponemos como seres humanos a lo largo de nuestra vida, para muchos serían las normales, pero en tus 29 años de vida has demostrado que tú no eres normal, ¡eres un fenómeno gordito!

Argumentos para sostener esto me faltan, hasta dejando a un lado lo futbolístico, en donde ya nos quedó muy claro que como tú hay pocos, y es que desde que llegaste a México lo demostraste, orgullo, carácter, un nivel increíble, y lo más importante, un compañero único, y no lo digo yo, lo han venido diciendo todos tus compañeros de equipo a lo largo de tu carrera.

Hablar de ti como persona sería difícil, porque nuestra relación siempre fue la de hincha y jugador, pero sé que siempre tuviste una buena cara con la afición, y que poco a poco te ganaste un lugar en cada uno de nosotros.

Hablando como jugador, me faltan las palabras para describirte, y aunque te costó trabajo llegar hasta donde llegaste, lo hiciste, siempre poniendo eso que hace falta para jugar en América, dando la cara en los momentos más oscuros, y brillando con luz propia en los momentos de gloria, porque si es claro que esta afición exige cuando se tiene que hacerlo, también tenemos memoria, aquí no sabemos olvidar, y menos a alguien como tú.

Momentos podría enumerar más de mil, pero esto nunca acabaría, pero hay uno en especial, sólo uno que grabaste con letras de oro en mi memoria como en la de todos los americanistas: Era un 7 de mayo, el año era 2008, el América pasaba por la peor crisis de la historia, el partido era la vuelta de la Libertadores, y teníamos el marcador en contra, una diferencia de dos goles, teníamos que hacer tres por el gol de visitante, y es ahí cuando recuerdo que fuiste tú y sólo tú el que levantó al América de entre los muertos, el que no se puso la playera, sino el que se la tatuó, el que metió dos goles y puso el pase para el otro, el que se echó a todo un equipo, a toda una nación al hombro, y nos regalaste una hazaña histórica, digna de un equipo como América, digna de un jugador como tú, esas son cosas que nunca se olvidan paraguayo, esas son cosas que te hacen diferente a los demás.

La afición del América siempre te reconoció, y no siempre fue por tu talento, sino por las ganas y el coraje que demostrabas, y un día, después de una plática con los líderes de la barra, aparecieron unas banderas de Paraguay en la cabecera norte, con el único objetivo de hacerte sentir que el cariño de esta gente ya lo tenías, y mira que no es fácil conseguirlo, pero tú lo hiciste.

Y ahora cuando todo parece estar mal es cuando más hay que ponerle, este lunes 25 de enero a las 5:00 a.m. empezaste a jugar el partido más importante de tu vida, y para no variarle aquí vas a tener a tu fiel hinchada alentándote, porque ya pasamos por las malas juntos, y ahora es momento de aguantar las peores también juntos, porque así es esto de vivir, y también así es esto de no darnos por vencidos, aún vencidos.

Así que hoy te digo a ti Cabañas, que no bajes la mano, porque si lo haces aquí te la vamos a levantar, ponle eso que siempre te sobró, porque te faltan muchas cosas que vivir, ya vas a ver cómo esto nada más va a ser una anécdota en el futuro.

Los mejores deseos de parte de tu fiel hinchada, que todos rezamos por tu pronta recuperación, así que aguante Cabañas, aguante nuestro Salvador.

Ni un paso atrás.

 

Por Nicolás Romay, aficionado de las Águilas y colaborador de AméricaMonumental.com

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